Se
podría definir a Jim Clark como el piloto más preciso de
la F1 con motor trasero. Este granjero transformado en corredor
de autos por el inolvidable Colin Champán se mantuvo fiel a Lotus
durante toda su campaña. Comenzó en la fórmula júnior y llegó
a la F1 en la cual logró dos campeonatos mundiales.
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Jim
Clark en la cabina de su Lotus
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Es casi imposible
hablar de Clark y no separarlo del Lotus 25, ese auto que Colin
construyó especialmente para él, se cuenta que Jim
debió sentarse en el banco de trabajo en la posición más
estirada posible y así los ingenieros de Lotus fueron agregando
las demás partes del auto. Así
nació el excepcional auto que sumado a la habilidad de Jim hizo
vibrar al público de los años '60. Durante esos años no existía
ningún tipo de control electrónico del vehículo, es decir que el
límite era marcado únicamente por el piloto, de ahí la diferencia
que marcó Jim en su época, fundamentalmente en circuitos
como Spa-Francorchamps, sumamente veloces donde la precisión, a
mi entender la cualidad suprema que poseía, se podía desplegar con
todo su esplendor.
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El
Lotus modelo 33
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Luego del Lotus
25 tuvo otra época de gloria, haciendo debutar y ganar en Zandvoort,
Holanda, el motor que marcaría a partir de allí toda una época de
la F1, el fabuloso Ford Cosworth V8. La temporada del '67 comenzó
para Jim casi a mitad de temporada, sin embargo perdió el campeonato
por muy poco, el cual quedó en manos de Dennis Hulme. Durante ese
mismo año se produjo una de las hazañas más grandes de la
F1. Se corría el Gran Premio de Italia, como siempre en el súper
veloz trazado de Monza, Jim largaba en primera fila y mantuvo su
liderazgo durante las primeras vueltas, hasta que tuvo que entrar
a boxes con un neumático pinchado, en esa época no se contaba con
la tecnología actual con lo cual al reingresar a la pista se encontró
en el último lugar, a partir de allí nació la hazaña, uno
a uno todos sus rivales fueron quedando detrás de él, incluso su
coequiper, Graham Hill.
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El
inolvidable Lotus 49
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Faltando dos
vueltas Clark llegó al primer lugar, semejante esfuerzo de
hombre y máquina hizo que el motor Ford consumiera más
combustible de lo calculado y en la última vuelta ante los
"estornudos" del mismo, se le escapó a Jim su obra suprema. Sin
embargo, el emotivo saludo del público, fundamentalmente
de aquellos que tuvieron la suerte de verlo abordar la curva "Parabólica",
borró a Jim y a su equipo la amargura. Al comenzar 1968,
en la primera competencia, Sudáfrica, obtuvo un amplio triunfo,
todo hacia suponer que era el comienzo del camino a su tercer campeonato
del mundo, sin embargo el destino le tendió su trampa mortal.
En una
carrera de Fórmula 2 en el peligroso circuito de Hockenheim,
su Lotus se salió de pista por causas aún no establecidas,
pero seguramente mecánicas, y se estrelló contra un árbol
llevándose consigo la vida de Jim.
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Clark
bajo la lluvia
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Aún queda
por recordar su excepcional paso por Indianápolis donde en el año
de su debut con el Lotus Ford de menor cilindrada que los roadsters
americanos, se clasificó segundo y no triunfó por ese reglamento
tan particular que poseen los americanos, ya que cuando Jim iba
a saltar a la punta de la competencia una inesperada bandera amarilla
neutralizó la prueba terminando la misma bajo esas condiciones.
Al año siguiente nadie pudo detener al "escocés volador" y triunfó
en la magna prueba quedando demostrado su valor en ambos continentes
y demostrando que un verdadero campeón de F1 era capaz de
dominar Indianápolis.
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