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Seguramente resultará una herejía para los puristas de la música clásica colocar en la misma línea al virtuoso nativo de Bonn, Ludwig van Beethoven, con el chico de Hurth-Hellmülheim,
Brazos en alto del pentacampeón
Michael Schumacher, pero así como el primero es universalmente conocido por sus obras maestras, en especial la quinta, casi dos siglos después su joven compatriota acaba de concluir igual número de piezas de colección que lo encumbran - si acaso hacía falta - en el exclusivo grupo de los más grandes deportistas de la historia.
En Francia Michael Schumacher adelantó todos los festejos, ganó la corona con garra, igualó a Juan Manuel Fangio y las cuentas no se detienen. ¿Qué más puede exigírsele al pentacampeón del mundo de Fórmula Uno?
Si la de Brasil considerábamos había sido su mejor actuación cuando debutó con la inigualable F2002, la de Francia supera con creces aquella performance. Batalló rueda a rueda durante toda la prueba, lo penalizaron por una banalidad - las reglas son claras y no dejan espacio para el reclamo - mientras los más acuciosos observadores habrán notado una vez más que llevaba el carro por una línea de carrera completamente distinta al del resto del pelotón, en especial en una curva de casi 180 grados hacia la izquierda. ¿Ello es consecuencia del carro o de su manejo?. El retiro de Rubens Barrrichello impidió la comparación de las dos Ferraris, pero es harto conocido que Michael posee un estilo único, reseña que pueden encontrar en la versión inglesa de F1 Racing de junio de 1997 que rezaba: ¿Qué hace a Schumacher diferente a los demás?.
Rojo por todos lados
Hoy todos tienen que ser elogios, no pude ser de otra manera. Resulta muy difícil encontrar algo nuevo que agregar ante esta nueva obra maestra del teutón, fruto de su inagotable capacidad y del soporte extraordinario de la casa Ferrari y del contingente humano que la compone, amalgama de creativos que reafirma el nuevo concepto de la unión europea, si bien el producto final conserve como es justicia la bandera italiana, pasión nacional y mundial que diseminó durante más de medio siglo el inolvidable Don Enzo.
Ferrari, el equipo ideal
Nadie puede osar dividir la vital importancia del piloto y de la máquina, aunque por desgracia el porcentaje siempre vaya a favor del componente mecánico. En 1975 le preguntaban a Colin Chapman, el mago de Lotus, qué haría si dispusiera del presupuesto de Ferrari (en Maranello habrán tenido discretos diseñadores, pilotos no ganadores, pero nunca han carecido de recursos económicos) a lo que el genial constructor respondió: "No tanto es el dinero, sino la posibilidad de tener una pista a cinco minutos de la fábrica, como la que tienen en Fiorano. Si contara con las mismas condiciones, me comprometería a ser campeón del mundo durante diez años de manera consecutiva...". Parece que las palabras del inglés se hicieron efectivas un cuarto de siglo después, con el agregado fundamental de tener a un piloto excepcional, como lo tuvo él en la persona de Jim Clark.

CARRERON EN MAGNY COURS

Victoria de Schummy en Francia
Claro que al rendirnos ante la hazaña del germano corremos el riesgo de pasar por alto una prueba como la de Francia, donde hubo espectáculo y del bueno, de aquellas que quedan en la memoria por muchos motivos: la consagración de Schummy, el ritmo de los McLaren y en especial el de Raikkonen, la nueva pole y las acrobacias de Montoya para conservar el carro en pista, el octavo lugar de Webber con el Minardi, la cantinflesca figura del pobre Barrichello en la otra Ferrari, hasta el brutal golpe de Fisichella. En Magny Cours también se repitió una escena que muchos deben recordar y que aconteció Paul Ricard 1990, cuando Alain Prost, entonces en Ferrari, sobre el epílogo dio caza al italiano Iván Capelli en un March-Judd, en lo que fue el centésimo triunfo de la casa Ferrari y la ocasión más cercana que tuvo el milanés de conseguir la victoria.
En esta oportunidad el asombroso Kimi Raikkonen también se encaminaba hacia su primera conquista, recompensa legítima producto de un manejo espectacular y estropeada a poco del final por una pequeña excursión fuera del asfalto al perder el punto de frenaje; así maldiga su suerte por el aceite esparcido en las proximidades de la curva Adelaida, de la manera más dura el rubio Kimi habrá aprendido que en la F1 lo único que cuenta es llegar a la meta en el primer lugar y donde no se permite el mínimo error. Así sea por culpa de otros. En el renovado McLaren-Mercedes-Michelin, David Coulthart apenas pudo conformarse con ver el alerón trasero de su pareja, pero confirmó el progreso de la combinación anglo-germana, en especial tras el papelón cumplido en el incierto clima de Inglaterra. La perfecta superficie de Magny Cours ayudó como nunca al desempeño de las flechas de plata, inyección de confianza que puede valerle otras satisfacciones antes de culminar el año y no es ningún secreto que todos ansíen que una de ellas sea para el joven finlandés.
Una imagen repetida
El sábado fue otra jornada de la que bien pudiera llamarse la Monty-Position, precedida por el horrendo choque de Fisichella en el Jordan. Como todos los volantes de su generación, el italiano deben agradecer a la FIA por ser tan exigentes en materia de seguridad. En ese duelo particular que se vive con tanta intensidad como la carrera misma, Juan Pablo Montoya volvió a quedarse con el mejor crono tras superar en titánica lucha al Schumacher de Ferrari, si bien hasta la fecha la única recompensa para el colombiano haya sido meramente estadística, con nueve poles en veintisiete presentaciones, cifra por demás asombrosa. En carrera, más de lo mismo, con el BMW-Williams aguantando más por las maniobras del piloto en su intento de llevarlo al límite que por las bondades del paquete, y la toma aérea corrigiendo lo insalvable fue el mejor reflejo de lo que padeció el bogotano. Su coequipero Ralf volvió a pasar desapercibido aunque sus chances por alcanzar el subcampeonato se mantienen inalteradas, puesto que ahora ocupa Juan Pablo aunque con mínimo margen.
Y en una jornada de celebraciones históricas, hubo alguien que de una manera discreta pero segura sigue demostrando que a pesar de las limitaciones mecánicas tiene ese algo especial para hacer la diferencia. Nos referimos a Mark Webber en el Minardi-Asiatech. El australiano llegó octavo y aunque no sumó como el día de su afortunado debut ante su público, la curva que rememora el circuito de Adelaide le debe haber traído suerte. Culminar a una vuelta del vencedor es casi una victoria para los hombres de Paul Stoddart y Webber suena como candidato en algunas butacas que quedan disponibles. Como en el caso del español Fernando Alonso, emergido de la pequeña escuadra entonces propiedad de Giancarlo Minardi, Webber ha demostrado que así conduzca el peor carro se pueden conseguir resultados que permitan capturar la atención de los grandes equipos.
Finalmente, ¿es posible encontrar alguna explicación a las repetidas fallas de Barrichello en el procedimiento del warm-up lap?. En Brasil se burlan de su paisano cambiando la "a" de su apellido por la "u", pero nos resistimos a creer que toda la responsabilidad sea del paulista, pero entonces uno se pregunta por qué no sucede lo mismo con Schumacher, cuyo único precedente similar lo encontramos en la arrancada de Suzuka 1998 cuando en la segunda salida su máquina se apagó, lo que dejó el camino expedito a Mika Hakkinen.

LA HERENCIA DE VON TRIPS

Von Trips, otros tiempos
Como si de aquel estupendo programa británico de televisión llamado Conexiones, en el que se entretejen los sucesos de la historia y donde cada hecho desencadena en otro aún más trascendental, recientemente conseguimos en una publicación española (no estamos seguros si fue el anuario de As Motor o de Auto Moto Sport), una simpática acotación de un acontecimiento que se produjo en Alemania a fines de los cincuenta.
Por entonces, el conde Wolfgang Berge von Trips, la principal figura del automovilismo germano, llevó a su país unos pequeños bólidos adquiridos en los Estados Unidos llamados go-karts e inauguró una pista de alquiler. Uno de los encargados de aquel nuevo establecimiento era un joven de apellido Schumacher, quien años después se independizó e inculcó en su hijo nacido el 3 de enero de 1969 el gusto por la velocidad, "infección" que también atacó al segundo vástago aunque al parecer con una dosis de menor intensidad.
Decía Jackie Stewart que un piloto que se precie debe ganar en más de una ocasión el título de conductores. El escocés lo hizo en tres oportunidades, de allí que la marca de Schumacher no permite el mínimo reproche. Y no faltarán parciales suyos que invoquen las ocasiones perdidas como las del trienio 97-99, pero entonces Alain Prost o Jimmy Clark, no tendrían cuatro y dos coronas sino siete y cuatro respectivamente. Eso es lo apasionante de los números y las marcas: no hace falta aproximarse, hay que romperlas y sólo los elegidos lo hacen. Cuatro décadas han pasado de la romántica y trágica historia de von Trips (muerto en una Ferrari en Monza 1961 cuando se encaminaba al título mundial de F1) vive su hora más gloriosa gracias al tricampeonato consecutivo del Cavallino Rampante en manos de Michael Schumacher, piloto que a su vez arriba a la legendaria marca de cinco coronas para igualar al más grande - con el perdón de los que disientan de tal premisa - Juan Manuel Fangio.
Muchos habrían esperado la enésima comparación con el Chueco de Balcarce, y si bien es verdad que el argentino compitió y ganó en otras épocas, no es menos cierto que como hoy, entonces se entregaba todo por ser el mejor, los equipos colocaban en pista sus últimos modelos, había inversiones millonarias, pero la sutil diferencia entre la victoria y la derrota la marcaba la vida: un error o una falla mecánica tenía ese precio, de allí que el mismo Schumacher no acepte las comparaciones, consciente de lo afortunado que es al conducir un F-1 en fibra de carbono, con 200 metros de zonas de protección las cuales en más de una oportunidad le han permitido incrementar su ya mítica trayectoria.

SIMPATICO NO, GANADOR

¿Qué Schumacher emplea una máquina superior? Los mejores pilotos siempre contaron con ella porque se la ganaron. ¿Qué Michael es arrogante y egoísta? Hemos llegado a la infeliz conclusión que en ese ambiente es imprescindible serlo, los muchachos afables están en la universidad, pero no faltará quien lo conozca en profundidad y diga lo contrario, y no dudaremos de él, como tampoco del carácter familiar de Montoya o de cualquier otro protagonista.
Si la confianza y el tiempo lo permite, el periodista puede llegar a descubrir que todos los pilotos son personas "normales", con gustos casi similares al común de la gente, pero que son sometidos a presiones inmensas protegiéndose en una coraza inexpugnable, o casi. Las lágrimas de Schumacher en la celebración francesa fueron realmente emotivas, como también lo fueron las de Hakkinen en Monza hace unos años, muestra palpable de la sensibilidad de estos hombres, distantes de imagen de pilotos-robots que algunos les endosan.
Fangio, el otro pentacampeón
Nadie puede pretender encontrar a un Valentino Rossi versión automovilista. El as italiano es la excepción de las excepciones. Los de las dos ruedas son y serán siempre otro tipo de personas, con otros gustos y principios, no en vano la mayoría que compite en el Continental Circus duerme en sus propios motorhomes o casas rodantes dentro del circuito, inimaginable en el suntuoso escenario de la F1. Ojalá, sería una bendición para el mundo de las cuatro ruedas descubrir a un talento excepcional con el don del carisma y la espontaneidad, pero definitivamente o se es agradable o se es el mejor. No faltará incluso quien le recomiende a Barrichello dejar de saludar a la cámara en la grilla de largada, y desconociendo si tiene relación o no, ha sido un gesto que le ha generado pésimos resultados.
La lucha por "el primer lugar de los perdedores", vale aclarar, el segundo, está más interesante que nunca, cuatro pilotos separados por igual número de puntos harán entretenidas las carreras por venir y donde veremos si el monarca cede su voraz apetito a favor de su compañero o si los Williams y los McLaren pueden materializar los avances que han mostrado en las últimas salidas.