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Ojalá
nunca se corra un Gran Premio en Escocia, porque si bien en
los parajes sajones se criaron dos de las leyendas más grandes
de este deporte, y nos referimos a Jim Clark y a Jackie Stewart,
a tenor de lo acontecido en Malasia, un disparate todavía
mayor pudiera acontecer si la no tan mágica - pero siempre
bienvenida - bebida decantada en aquellos lares, llegara en
mayor proporción a determinadas autoridades.
Es una lástima que lo que los verdaderos pilotos han dilucidado
durante casi un siglo al filo de los 300 kilómetros por hora,
ahora un grupo de "comisarios deportivos" pretenda desvirtuar
por considerar una maniobra exagerada o peligrosa.
Y de poco vale si la víctima del castigo se llame hoy Montoya
o mañana Schumacher, Villeneuve, Trulli o quien sea.
Sería interesante saber dónde obtuvieron sus credenciales
las autoridades de turno en Malasia, fuera del acostumbrado
beneficio que la política interna ofrece y mueve entre las
federaciones que aglutina el organismo con sede en París.
Esta sería una pregunta casi intrascendente de no producirse
algún suceso extraordinario, pero cuando ocurren los exabruptos
como el de Sepang, entonces convendría revisar que no sólo
los pilotos deben ser aptos para llevar un bólido sino también
quienes se supone deben velar porque se cumplan las normas.
Es el teatro del absurdo. Ahora entonces se va a penalizar
a quien provoque un incidente, sea de la magnitud que sea
(como si los pilotos en su sano juicio quisieran regresar
caminando a los pits), con lo cual imaginamos que estamos
en la antesala de una generación de volantes robots, sin sentimientos,
cada uno por una línea ideal, sin posibilidad de exagerar,
de arriesgar, en fin, de demostrar que se puede vencer la
monotonía.
Con estos actos, la Federación Internacional de Automovilismo
pareciera querer eliminar la emoción de la que se perfila
en una de las campañas más apasionantes de los últimos tres
lustros. Y lo más grave van a ser las consecuencias en los
distintos torneos menores, sean éstos de rango internacional
o local, bien sea en monoplazas, turismo o en karting, donde
los comisarios de turno esperemos sean algo más sensatos y
apliquen un criterio lógico.
Cuánto recordamos al hoy desaparecido Leopoldo Barboza, destacado
dirigente del automovilismo venezolano, quien fuera a mediados
de los noventa comisario deportivo en los GP de F1, el mismo
que golpeó la mesa de reunión de la FIA cuando Jean Marie
Balestre pretendía sancionar a Ayrton Senna o la vez que descalificó
a los Williams y a Benetton en el Brasil 95 por haber empleado
combustible no homologado, para que luego la misma FIA revisara
y modificara la sanción, y sólo penalizara a los equipos mas
no a los pilotos, en otro acto lleno de contrasentidos. Pero
así son los intereses que se mueven en la F1 moderna, donde
las cosas lógicas parecen no serlo tanto.
MAS ALLA DE LAS PREFERENCIAS
No vamos a insistir en lo que a coro y unánimemente el mundo
de verdaderos expertos de la Fórmula Uno - vale decir los
pilotos y los propietarios de los equipos - concluyeron tras
el toque de Malasia entre MS y JPM (los demás somos cómodos
invitados, unos como simples y privilegiados cronistas y la
gran mayoría como apasionados teleespectadores y ávidos lectores
de toda información que involucre el tema). Los comentarios
de Jenson Button, Niki Lauda, Eddie Jordan, Flavio Briatore
o el más sarcástico y ácido de todos, Nelson Piquet, coinciden
en que la culpa no fue del colombiano. Y hasta en las declaraciones
de los directos involucrados se advierte sorpresa e indignación
ante lo sucedido.
Se le fue un poco el carro al alemán de Ferrari y punto. No
hubo mala intención, maniobra premeditada ni nada semejante,
un contacto más en la historia de un deporte plagado de incidentes
entre los diferentes actores que protagonizan la novela. Luego
de Melbourne, donde si al extremo vamos hubo motivos de sobra
para sancionar a más de un piloto, comentábamos que Michael
Schumacher y Juan Pablo Montoya se respetaron en un corto
pero emocionante duelo que favoreció al campeón del mundo,
pero el fragor de la batalla entre estos dos titanes tarde
o temprano los iba a llevar al inevitable contacto, como ha
ocurrido entre las grandes figuras en el último cuarto de
siglo.
Estos roces se incrementaron paralelamente con aumento en
la seguridad de los vehículos y las pistas, lo cual incentivó
también la agresividad natural de los volantes, algo inimaginable
décadas atrás, cuando por lo general los muy valientes se
mataban o quedaban gravemente lesionados, así como también
los que no tenían suficientes condiciones. Hoy casi todo se
perdona, y son unos cuantos los héroes del momento los que
deben dar gracias a los tiempos viven, progreso que ha evitado
desde hace un buen tiempo que integren el panteón de los caídos.
Los nostálgicos dirán otras épocas, los pragmáticos apuntarán
a la evolución.
DE TOQUES Y GOLPES SIN QUERER...QUERIENDO
Trataremos de no extenderemos mucho en la recapitulación histórica
para no aburrir a los más jóvenes que por naturaleza desprecian
el pasado, pero seguro que muchos de los que se incorporaron
recientemente a la pasión que genera la F1, jamás escucharon
de los choques entre los Andretti-Hunt, Jones-Piquet, Reutemann-Laffite,
Senna-Mansell, Prost-Senna sólo por mencionar algunos. Fue,
es y será algo normal, consecuencia de la rivalidad que se
acrecienta en una actividad donde sus protagonistas son los
seres más egocéntricos del planeta. Y tienen toda la razón
de serlo, pues a diferencia de un futbolista, un tenista o
un atleta, un error puede costarle más que un músculo desgarrado.
Con las nuevas normas que la FIA pretende aplicar, qué podría
quedar entonces para el padre de Jacques, el inolvidable Gilles
Villeneuve, quien junto al francés René Arnoux dejó grabada
una de las escenas más emocionantes del automovilismo al superarse
varias veces en las últimas vueltas del GP de Francia 1979,
con maniobras poco ortodoxas llenas de vigor y... valor.
Allí radica una vez más la clave del asunto. Hay que estar
en el habitáculo del coche y llevarlo al límite, rueda a rueda,
esperar a que el rival ceda en el último instante, como cuando
Nigel Mansell y Ayrton Senna sacaron chispas al asfalto en
Montmeló a más de 300 km/h, el mismo inglés superando a Nelson
Piquet en Silverstone o recientemente cuando Juan Pablo Montoya
superó in extremis a Michael Andretti en el superóvalo de
Michigan a 345 km/h. Eso es automovilismo, reservado a hombres
con cojones monumentales y no a ejecutivos de oficina que
pretenden aplicar un código escrito en un librito.
Es cierto que al buscar una gran maniobra también se pueden
cometer errores y eso también es lo que hace apasionante el
desenlace de cada duelo. Nadie quiere ver "autazos" como los
de Suzuka 89 y 90 entre Senna y Prost, o las "inocentadas"
de Michael Schumacher sobre Damon Hill y Jacques Villeneuve
en Adelaide 94 y Jerez 97, respectivamente, pero cuando la
adrenalina fluye y el corazón bate a casi 200 pulsaciones
por segundo, entonces no hay poder humano ni autoridad que
valga para modificar el temperamento de un corredor de raza.
UN AÑO MAGICO QUE APENAS COMIENZA
Fuera de la polémica, en Malasia se vivió otro carrerón y
ojalá podamos contemplar una temporada con tres o cuatro candidatos
que puedan llegar a fin de año con opciones de titularse.
El junior Schumacher ganó bien y de la manera que más le gusta:
con una apropiada estrategia aprovechando las detenciones
en los pits, sacando partido de la monumental mala suerte
de Rubihno Barrichello. El brasileño se parece al Milka Hakkinen
de 1997, aquél que rompía motores o su McLaren-Mercedes fallaba
cuando tenía el triunfo en las manos, tiempos en los que muchos
apostaban por su compañero David Coulthard (incluido quien
suscribe), suerte que se invirtió de manera radical en las
siguientes campañas.
Las remontadas que premiaron con el podio tanto a Juan Pablo
como a Michael fueron soberbias, prueba evidente de que poseían
unas máquinas perfectas y sólo queda la duda de saber si realmente
el bogotano habría mejorado el segundo puesto final de no
haber tenido que cumplir con su paso obligado por el pit-lane,
cortesía de las autoridades. Los Renault siguen creciendo
y Button cedió la posibilidad de un merecido podio por fallos
en su coche en la vuelta de cierre. Una vez más y como ocurrirá
de manera intercalada, esta vez los chicos que calzaron Michelin
sacaron ventaja ante las japonesas Bridgestone. Los McLaren
boys completaron una jornada nada positiva, pero Ron Dennis
no es uno que se vaya a quedar con los brazos cruzados mientras
Raikkonen de veras asusta por lo maduro que es. Aparte de
lo rápido.
De ser uno de los villanos en Australia, a la honesta y positiva
prueba de Nick Heidfeld, el pequeño rubio que está destinado
a vivir bajo la sombra de los hermanos Schumacher y hasta
del propio Frentzen, en la era más gloriosa del automovilismo
alemán desde los tiempos de los Caracciola, Rosemayer, Stuck
y Lang, allá en la década de los treinta. Y es que Heidfeld
tiene tan poca estrella, que tras la traumática experiencia
junto a Kimi Raikkonen, ahora causó más revuelo el primer
punto sumado por su nuevo compañero en Sauber Felipe Massa,
quien emulando a su compatriota Ayrton Senna o al venezolano
Johnny Cecotto, alcanzó su primer punto en la máxima categoría
en apenas su segunda presentación, ratificando todo lo bueno
que se decía de él.
Ferrari va a estrenar finalmente su nueva máquina en Europa
y con ello tratará de mantener distancias sobre sus rivales,
pero Williams también presentará un nuevo chasis, ello debido
a la solicitud de sus dos pilotos que desde el comienzo no
estaban muy convencidos. Otro hecho destacable en Asia fue
que por primera vez, al menos ante las cámaras, tanto Ralf
como Juan Pablo dieron muestra de cordialidad mutua, algo
que viene muy bien a la imagen de ambos. Esto no impide que
en la siguiente carrera se vuelvan a ignorar, pero como ha
sido costumbre en casa del patrón Williams, a éste le encanta
tener dos gallitos de pelea en el mismo corral, lo malo es
que ello ya le ha costado dos coronas de conductores, la primera
con Carlos Reutemann y Alan Jones en 1981 que se decantó a
favor de Nelson Piquet, y la segunda en 1986, ahora con Piquet
y Mansell como sus protegidos, duelo del que se benefició
Alain Prost.
Entre Montoya y el menor de los Schumacher se van a robar
valiosos puntos, de allí que sea imprescindible para cada
uno de ellos tomar ventaja sobre el otro en esta primera parte
de la temporada, más aún, como pudiera presumirse, si Michael
Schumacher se desprende con el absoluto respaldo de Ferrari
y del sufrido Barrichello, con lo cual Sir Frank, Patrick
Head y hasta Gerhard Berger tendrán que decidirse por el mejor
de sus pupilos. Este duelo también beneficia a McLaren, en
lo que se consolida como un año realmente inolvidable.
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