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La espectacular victoria de Michael Schumacher en Brasil con el debut de la nueva Ferrari 2002, es de aquellas que sirven para admirar varias veces y guardar en el archivo de videos como un ejemplo de sagacidad y manejo al límite de la perfección, y no nos atrevemos a otorgar el 10 inmaculado al revelarse ciertos acuerdos no respetados. Eso es lo bueno cuando no se escribe con la presión de una redacción que está al cierre. Pero vayamos por partes.
"La mejor Ferrari mejor construida jamás", como rezaba la expresión ofrecida por Jean Todt en la presentación del modelo 2002, en efecto ratificó en pista que es una máquina temible con la cual el Kaiser podrá cabalgar raudo hacia el pentacampeonato mundial de conductores, y, con éste, igualar la hasta ahora inimitable marca del argentino Juan Manuel Fangio, ilusión que ya palpitan los germanos y la enorme legión de seguidores que en el resto del planeta idolatran al volante teutón, ubicado por derecho propio como uno de los cinco mejores pilotos de todos los tiempos y el más virtuoso de su generación.
Rodeado de adversarios calzados con gomas Michelin, los cuales habían monopolizado los primeros puestos en las clasificaciones, Michael Schumacher y la nueva criatura de Maranello con fabricados Bridgestone consiguieron una victoria clamorosa en el candente sol paulista, la que debe ser sin dudas una de sus mejores conquistas de las 55 que cosecha, combinación que ahogó de manera contundente la celebración anticipada que habían montado los seguidores del colombiano Juan Pablo Montoya, autor de la pole position y del récord de vuelta con el Williams-BMW.
Por segunda ocasión consecutiva - y no por coincidencia sino en otro duelo titánico que hace de las clasificaciones una carrera aparte -, los acérrimos rivales volvieron a monopolizar la primera fila de largada, una imagen que promete ser común a lo largo del año, ello para angustia de muchos, alegría de otros, pero por encima de cualquier consideración, favorable para la imagen Fórmula Uno y el deporte.
Sin embargo, otra vez la polémica vuelve a ser protagonista en el duelo que enfrenta al sudamericano con el alemán. Y al revisar las imágenes uno puede concluir sin muchas pasiones: "Montoya se apresuró y su vehemencia le hizo perder una carrera en la que tenía muchas posibilidades". De eso no hay la menor duda. Pero, como todo en la vida, no siempre dos más dos son cuatro ni todo lo que brilla es oro.

PALABRA DE... ¿CABALLEROS?

Vamos otra vez al "Túnel del Tiempo". ¿Recuerdan el famoso incidente Senna-Prost en Imola 1989?, algo parecido aconteció ahora en Brasil. En aquel entonces, dentro del equipo McLaren-Honda sus dos figuras estelares habían convenido que aquél que llegara primero a la curva Tosa, no iba a ser superado por el otro, pero Ayrton "entendió" otra cosa y hasta allí llegaron las buenas relaciones en el box rojiblanco. Fue una guerra jurada, donde hasta asuntos religiosos salieron a relucir. Luego, casi un año después y en escuadras distintas, vino el apretón de manos en Monza en el clímax de la lucha Ferrari-McLaren, para que unas semanas después, en Suzuka, el casco amarillo apuntara sin remordimientos hacia la suspensión trasera del rival, una maniobra descalificadora que reveló el lado oscuro del gran campeón brasileño, quien justificó su acción al decir: "hay carreras que culminan faltando 6 vueltas u otras en la primera curva...", en directa alusión al choque que un año antes y en el mismo Japón habían protagonizado él y Prost, que favoreció entonces al francés con apoyo directo del presidente de la FIA, el también galo Jean Marie Balestré.
En el José Carlos Pace edición 2002 también hubo un acuerdo de palabra entre todos los pilotos, formalizado en la reunión de conductores con la dirección de carrera, conocido también como drivers briefing. A raíz de los sucesos de Malasia se convino una nueva regla que entró en vigor a partir de Interlagos: "Ningún piloto que se encuentre adelante de otro luchando por posición podrá cambiar su línea de carrera si el que le sigue anticipa el movimiento. Es decir, quien va al frente tiene derecho de escoger su línea siempre y cuando haga la maniobra antes que su perseguidor".
Allí radica toda la indignación de Montoya frente a Schumacher, y, tal como se advierte en la televisión, otra vez habrá dos ópticas diametralmente opuestas en la interpretación de las maniobras y es comprensible que ninguno ceda en su argumento.
El error inapelable lo comete el de Williams al perder la huella ideal en la curva uno; en la dos el Ferrari lo empareja y cruzan rueda a rueda pero sin contacto, y en la tres el campeón del mundo sacó ventaja para encarar la larga recta. Movimiento de lujo y muy correcta gracias a la colaboración de las partes, que puede ser considerada como la venganza del alemán a la "afrenta" del 2001 en la misma pista, pero de lo bueno una vez más tuvimos muy poco. Lo único cierto es que por segundo año consecutivo y en el mismo lugar donde Jos Verstappen arruinó su show la pasada temporada, Montoya comprometía sus opciones de victoria.
Los que profesan un odio visceral hacia el bogotano saltaron indignados y luego celebraron en grande el recital de Michael, mientras los defensores de Juan Pablo no dudaron en acompañar sus críticas al concluir la carrera. ¿Habrá una solución a estos roces?.
Por supuesto que sí y no va a ser necesaria la intervención del Tribunal de la Haya - como ya dramatizan algunos - para calmar a los protagonistas.
Tanto el uno como el otro saben que sus opciones al título pasan por evitar estos retrasos "involuntarios", sin olvidar la privilegiada posición de observador de Ralf Schumacher, cauto en extremo en Sao Paulo, pero muy hábil al momento de sacar las cuentas. ¿Que no atacó a Michael como lo habría hecho su compañero de equipo?, es verdad, pero de qué sirve ahora cuando apenas vamos en la tercera prueba de la temporada, aunque tarde o temprano Schummy II tendrá que encarar este incómodo asunto familiar. De las pocas veces en la que se han visto las caras (en Montreal 2001 ganó en los pits), una de ellas le costó el título mundial al mayor, cuando el buen Ralf se enganchó con su coequipero Fisichella en la arrancada de Nurburgring 97 y aterrizó sobre la Ferrari de su hermano, gracia que pesó más en Michael que el autazo que luego tratara de endosarle a Jacques Villeneuve.
Para las estadísticas, es interesante constatar que entre Michael y Juan Pablo hasta ahora se han producido dos "toques menores", con similar daño para cada una de las partes, sin que ello signifique otra cosa que remar desde el fondo del pelotón hasta concluir en los puntos luego de un excepcional trabajo. No se ha llegado - y esperemos no suceda - a verdaderos encontronazos como los del joven Schumacher ante Ayrton Senna en Magny Cours 92 o Kyalami 93, porque entonces si es verdad que la escena Piquet-Salazar de Hockenheim 82 o la vez que Mansell soltó un jab a Senna en Spa 87, serán una anécdota. Las nuevas normas también le dirán adiós a resistencias heroicas como las de Senna ante Mansell en Monaco 92 o la de Gilles Villeneuve y la jauría en el Jarama 81.
En la parte técnica, en las huestes de Williams hubo un respiro de alivio al constatar que el nuevo Ferrari no es - en sus palabras - tan insuperable como lo pintaban, pero en Italia se frotan las manos al saber que el Ferrari apenas está en su primera etapa de desarrollo y, tras el auspicioso debut amazónico, tienen toda la razón en ser optimistas. McLaren sigue sin conservar el ritmo de cabeza, mientras Renault mantiene su ascenso, pero de momento siempre apuntando al escalón más bajo del podio. De Toyota pueden decir que tiene un presupuesto colosal, tan grande como el que más, pero nadie habría apostado a que a estas alturas ya hubiesen sumado dos puntos y eso es un mérito enorme que confirma que la llegada del coloso nipón no es una estrategia de marketing.
La contraparte a la alegría japonesa es la decepción de Rubens Barrichello, cuya mala fortuna es digna de Ripley. No hay manera de conjurar la aversión de Interlagos con el chico de la casa y a la desventaja que suponía llevar el carro antiguo, se sumó una nueva deserción cuando volaba en punta con una estrategia de dos paradas. ¿Y es que acaso Rubinho tiene el pie tan pesado para arruinar todos los carros?. En todo caso, Michael Schumacher y sus 24 puntos permiten a Ferrari tener en la mira a Williams en la batalla de constructores.
Por cierto, en Brasil la FIA ofreció disculpas a Montoya por el castigo impuesto en Sepang por - lean bien - los siguientes comisarios: Nazir Hoosein, Rodovan Novak, Kanagalingam Kasippilai, quienes sin ánimos de desmerecer su lugar de origen o credenciales, con esos nombres parecieran expertos en cualquier cosa menos en deportes a motor, lo que no exime a dirigentes con apellidos sajones o latinos a que hagan turismo de aventura en la F1.
En otro asunto y para entender también cuánto pueden influir los medios en la opinión, observamos un ejemplo en la página web F1-Live en tres de las versiones acerca de las declaraciones de Montoya: la inglesa y la española transcriben lo mismo, mientras la italiana agrega el picante adicional señalando: "el piloto colombiano a punto del colapso nervioso...". El mercado está en alza, es hora de vender caro y cualquier ingrediente agregado sirve para capturar la imaginación.

NUEVAS VIAS DE ESCAPE

Al margen del ya monótono pero inevitable tema Schummy-Monty, fue tan inusual como peligroso el incidente del warm-up brasileño en el que Nick Heidfeld y su Sauber eligieron el camino equivocado y casi embisten al hermano cristiano Alex Días Ribeiro - conductor del vehículo oficial de seguridad -, venganza del susto que hace un buen tiempo le propinaron en sentido inverso a Taki Inoue en Hungaroring.
La Federación Internacional del Automóvil prosigue su nueva cruzada en lo que podemos llamar "Operación Manejo Pulido" y la búsqueda de la seguridad absoluta. Así, una vez más los promotores de una carrera de Fórmula Uno deben modificar sus parámetros y diseños en las vías de escape, siendo la última moda emplear asfalto en sustitución de la gravilla o leca. Y es que en temas de vías de protección o de fuga se ha pasado de los sacos de arena en los cincuenta, a los guarda raíles de metal de los setenta (que decapitaron a unos cuantos desafortunados), seguidos de las mallas metálicas sujetadas con estacas de madera, llegando a mediados de los ochenta a los muros de concreto, el gran descubrimiento milagroso que en Tamburello probaron con especial efectividad Piquet, Boutsen, Alboreto y Berger, hasta que la ley de las probabilidades a favor superó su cuota, cobrando su trágica factura con Ratzenberger y Senna.
Y como en el caso del nuevo código de ética de manejo deportivo y su aplicación en los torneos menores donde no existen 25 cámaras para analizar una acción discutida, la única duda que nos queda es si la misma medida de seguridad se va a aplicar en aquellos trazados donde los monoplazas compartan el recinto con las motos (caso Montmelo, Monza, Hockenheim o Suzuka), disciplina que, salvo el desgraciado incidente que dejó paralítico al americano Wayne Rainey en Misano 1993, ha aprovechado las virtudes de la grava como zona de desaceleración. En el accidente de Michael Schumacher en Silverstone 99, la leca redujo en buena medida la velocidad de impacto del Ferrari, pero también lo que se busca ahora es evitar los saltos y la posibilidad de volcamientos. Si la norma es asfaltar o compactar las vías de escape, entonces no nos queremos imaginar el aumento en los costos de gestión de cada uno de los circuitos internacionales en armar y desmontar el escenario para cada ocasión. Pero es el precio de buscar la perfección, bueno, hasta que se demuestre lo contrario.
¿Montoya se apresuró?
Los hermanos Schumacher
Pobre Barrichello