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Era una de esas notas que teníamos en mente pero que por distintas razones no le habíamos dedicado el tiempo suficiente. Sin embargo, al recibir un boletín de prensa de la periodista Alba Cecilia Pauli, mejor conocida como Niky - egresada como quien suscribe de la escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica de Caracas - nos otorgó el impulso final adecuado.
"Roberto José Guerrero participará en la temporada 2002 en el campeonato Busch Nacional de la serie norteamericana Nascar con el equipo HRT y el patrocinio de Ciclón" rezaba en resumen la noticia fechada en Miami. Justo lo que necesitábamos, la excusa para unir una vez más el presente con el pasado, mala costumbre del cronista consciente de la aversión que ello provoca en quienes no comparten la pasión por la historia.
Y es que el nuevo retorno a las pistas del experimentado volante natural de Medellín, Colombia, permite refrescar que en plena efervescencia de la era Montoya, fue Guerrero quien le otorgó a su país la primera participación oficial en la Fórmula Uno. Han transcurrido 20 años de aquella jornada, cuando el 4 de abril de 1982 el piloto de la región paisa tomaba la salida en la tercera fecha del Campeonato Mundial de Fórmula Uno, el Gran Premio de Estados Unidos Oeste disputado en el circuito citadino de Long Beach. Al volante de un Ensing-Ford, un carro modesto que la temporada anterior había sumado algunos puntos en manos del suizo Marc Surer y luego con el chileno Eliseo Salazar, máquina que a su vez había sido despreciada por el argentino Ricardo Zunino.
Colombia, como el común de las naciones del norte de suramérica, apenas contaba con tradición dentro del contexto internacional en el automovilismo deportivo, luces que vieron por primera vez con el paso de la Buenos Aires - Caracas de 1948. Como era suponer, la aventura de Guerrero era algo tan raro como novedoso y atractivo, sin contar, claro está, con la avalancha mediática del presente. Uno de los pocos precedentes de relevancia en el automovilismo colombiano estuvo en la realización en 1971 del Gran Premio de Bogotá de Fórmula Dos, organizado en el nuevo circuito Hermanos Mejía de la capital ubicada a 2600 metros sobre el nivel del mar, carrera en la que participaron figuras como Jo Siffert, Graham Hill, Rolf Stommelen y donde por cierto un joven llamado Pablo Montoya hacía las veces de mecánico y no precisamente en las máquinas que llevó Frank Williams.
El padre de Roberto Guerrero, un ex ciclista argentino radicado desde los cincuenta en Colombia, impulsó su carrera y antes de viajar a Europa con el pretexto de estudiar, el joven piloto hizo un curso de manejo deportivo en la tierra de su progenitor. Se radica en Inglaterra e hizo lo que cualquier piloto de su tiempo y del presente haría para tratar de escalar posiciones: empezar en Fórmula Ford, dar el salto a la Fórmula 3, acercarse a la Fórmula 2 (ahora 3000) y aguardar la oportunidad y contar con el suficiente presupuesto para subirse a un Fórmula 1.

GUERRERO A TIEMPO COMPLETO

Comenzó en 1978 en la F.Ford de Inglaterra donde sumó varias victorias y el quinto puesto final. Luego ascendió inmediatamente a la F.3 con la firma Argo y en 1980 batalló por la prestigiosa corona británica de Fórmula Tres en el certamen Vandevell, ante pilotos como el sueco Stefan Johansson, los ingleses Nigel Mansell y David Sears o un joven irlandés de nombre Eddie y apellido Jordan. El colombiano logra cinco victorias y culmina en el segundo lugar con 95 puntos, igualado con Kenneth Acheson y a sólo dos del escandinavo, quien se hizo con el título al imponerse en la última carrera. Roberto cuenta con 21 años y muchos medios europeos lo consideran un seguro piloto de F.1.
Realiza un test con el equipo Mclaren Ford y es dos segundos más veloz que la promesa belga Thierry Boutsen, pero el llamado a la máxima categoría debe aguardar porque no dispone con los 500.000 dólares que asegurarían el gran salto, puesto que finalmente ocuparía el joven italiano Andrea de Cesaris, que contaba con el irrestricto apoyo de Phillip Morris.
En 1981 Guerrero accede a la Fórmula 2 europea en el equipo alemán Maurer-BMW junto al sueco Eje Elgh. En apenas su tercera presentación logra la victoria en Thruxton, Inglaterra, podio que comparte con otro sudamericano, el venezolano Johnny Cecotto en un Minardi, en su séptima carrera absoluta en el automovilismo desde que decidiera dejar las motos. Al concluir la temporada y a pesar del irregular rendimiento de los cauchos Pirelli, Roberto Guerrero se ubica en la séptima casilla y gracias al apoyo de algunas compañías de su país como Café de Colombia, completa el proceso al lograr un acuerdo con la escuadra Ensing de F.1 propiedad del británico Morris Nunn.
En realidad se trataba del segundo corredor neogranadino en intentar dar el salto a la F1, luego que Ricardo "Cuchilla" Londoño buscara una plaza en el GP de Brasil de 1981, pero la FIA desestimó su solicitud al no contar con mínimas credenciales deportivas - le sobraban las financieras - para conducir el Ensing-Ford. Londoño haría luego algunas carreras en la F2 pero sin figuraciones importantes.
La primera cita de 1982 es en Kyalami, Sudáfrica, donde estalla el asunto de las Superlicencias entre los pilotos y la FIA, conflicto en el que el debutante Guerrero y su equipo quedan al margen hasta que se solucione el problema (además de no haber aclarado algunos puntos en el contrato que lo ligaba con el equipo Maurer de F.2), por lo que no toma parte en las clasificaciones. En la siguiente ronda, en Jacarepaguá, Brasil, se queda afuera con el tiempo 28, pero finalmente en Long Beach no tiene inconvenientes y se ubica en la décima fila, si bien debe retirarse en la vuelta 27 debido a un contacto con los muros de concreto de California. Reconocido como un piloto muy rápido para el medio que disponía, Guerrero sólo pudo culminar una de las ocho carreras en las que clasificó y se quedó afuera de la grilla en cinco ocasiones, mientras en el epílogo de Las Vegas rompió el motor en el warm-up y no pudo largar.
En 1983 se mantiene en Ensing y tiene como compañero de formación a Johnny Cecotto, quien suma un punto en su segunda salida, lo cual somete a mayor presión al volante de Medellín. Guerrero dispone del mejor material y es generalmente más veloz que el venezolano en los entrenamientos, mas no así en carrera, clasificándose en todas las válidas salvo Mónaco (Cecotto no lo hizo en cuatro oportunidades) recibiendo la bandera a cuadros apenas en cuatro ocasiones.
En el invierno de 1983 y cuando las rumores lo daban como sustituto de Nigel Mansell en el equipo Lotus-Renault, Guerrero hace una prueba en el Paul Ricard con el Brabham-BMW campeón de esa temporada, test en el que toman parte los italianos Pierluigi Martini, Mauro Baldi y la promesa brasileña Ayrton Senna (quien ya había ensayado en Williams y Mclaren), confrontación en la que Baldi resulta ser el más veloz por unas décimas. Sin embargo, otra vez hubo elementos extradeportivos y económicos en la decisión y mientras Nelson Piquet no quería a su lado a su joven compatriota, la empresa Parmalat, patrocinante del equipo de Bernie Ecclestone, exigía la presencia de un corredor italiano con lo cual Guerrero - así como Cecotto - se quedaron en el camino, selección que finalmente recayó en Teo Fabi.

NORTEAMERICA, LA TIERRA PROMETIDA

Frustrado su ascenso al equipo Brabham-BMW, Guerrero vuelve a acudir a Mo Nunn y ambos hacen maletas para desembarcar en los Estados Unidos. La serie Cart tiene apenas cinco ediciones, pero tras la irrupción en 1983 precisamente del italiano Fabi, se abre el apetito de los pilotos europeos y brasileños hacia los óvalos y circuitos citadinos, con Emerson Fittipaldi a la cabeza. La elección se revela acertada.
En las 500 Millas de Indianápolis de 1984 Roberto Guerrero arriba en el segundo lugar, convirtiéndose en el Rookie del Año. En 1987 está a punto de conseguir una victoria clamorosa, pero en el último reabastecimiento el motor se apaga debido a inconvenientes con el embrague y pierde la ventaja de casi 2 vueltas que tenía sobre Al Unser Sr, quien finalmente se llevó su cuarto triunfo en el óvalo de Indiana, emulando a AJ Foyt. Sin embargo, meses después en una sesión de entrenamientos en la misma pista sufre un accidente que lo deja en estado de coma durante 17 días. La dinámica del incidente es por demás dramática: una goma que se desprende de su carro tras el contacto con la pared va a caer nuevamente en el habitáculo del corredor. Guerrero, quien para entonces contaba con dos triunfos en la serie Cart, no vuelve a los primeros planos hasta que consigue la pole position para las 500 Millas de 1992, pero otra vez la fortuna no está de su lado y en la vuelta de formación la brutal potencia del turbo le juega una mala pasada y culmina fuera de la pista.
En los últimos años Roberto Guerrero participó también en la Indy Racing League pero sin obtener resultados destacados. El reciente anuncio de su incorporación a la serie Bush Nacional de Nascar será una nueva oportunidad para el ahora ciudadano norteamericano, un piloto que buscará convertirse en protagonista en un torneo donde no se caracterizan por darle la bienvenida a los novatos, aunque Guerrero está acostumbrado a abrir nuevos caminos en el automovilismo internacional.
Roberto con el Theodore Ford
Piquet, Guerrero y Senna
En Detroit largó 11º