Menuda propuesta la de los comentaristas de Fórmula Uno de la cadena
de televisión Fox Sports: seleccionar el nombre de los 5 mejores
pilotos de la historia de la máxima categoría del automovilismo.
Es de esas preguntas que en teoría parecieran sencillas, pero que
poseen una incalculable cantidad de elementos para la discusión
y el debate.
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Prost
doblando en Montecarlo
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Es la eterna
selección que con el paso del tiempo se hará cada vez más complicada
y en la cual nunca habrá un consenso universal, bien sea por predilección
personal o nacionalismo, matizada con la irrupción de nuevos talentos,
la incómoda comparación de épocas y condiciones diversas, o por
simple animadversión hacia uno u otro deportista.
Por muy equilibrado que sea el periodista o el aficionado
amante de los motores, nadie pudo o puede decir que se identificaba
al mismo tiempo con Fangio y Moss, Clark y Hill, Hunt y Lauda, Senna
y Prost y más recientemente Schumacher y Hakkinen; simplemente porque
cada uno representaba dos filosofías y maneras distintas de encarar
el mismo fin. Es parte de la fascinación que despierta este deporte.
Hace poco la autorizada revista italiana Autosprint hacía un referendum
similar entre sus lectores y allí el brasileño Ayrton Senna Da Silva,
como si de una de sus 65 pole positions se tratara, se ubicó cómodamente
al frente. Y no resulta extraño en una nación como la europea, visto
que el paulista iluminó la imaginación de millones en la década
de los ochenta y comienzos de los noventa y - he aquí un elemento
interesante - no lo hizo precisamente sobre una máquina Ferrari,
colores y emblemas que ya no son patrimonio exclusivo de Italia,
sino que traspasa todas las fronteras imaginables en los cinco continentes.
Por otra parte, se van a cumplir casi 50 años sin que los peninsulares
hayan vuelto a venerar a un gran campeón de automovilismo nacido
en su tierra (salvo Mario Andretti, claro, ahora tan americano como
McDonalds) mientras las figuras míticas de los Tazio Nuvolari, Achille
Varzi o Alberto Ascari quedan en la memoria de los ancianos o de
los enfermos por la historia.
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Brabham
ganó tres campeonatos
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Claro que si
la misma interrogante se la planteamos a un alemán, nadie podrá
comparársele a Michael Schumacher, quien le arrebató tal distinción
a Rudy Caracciola, similar predilección que encontraremos en Francia
a favor de Alain Prost, gusto que en Inglaterra se inclinará hacia
Stirling Moss, mientras en Australia la preferencia la tendrá Jack
Brabham, en Austria Niki Lauda y así en las distintas naciones donde
el automovilismo deportivo ha dejado su huella. Pero salvo el chauvinismo
enfermizo de alguna parte de la prensa británica, pocos podrán negar
que el más grande, fue, es y seguirá siendo el argentino Juan Manuel
Fangio.
Y no sólo por la inimitable marca de cinco títulos mundiales de
Fórmula Uno que ahora el teutón Michael Schumacher puede igualar.
Por estas razones nos hemos atrevido a manifestar nuestras preferencias,
las cuales, con el respeto que se merecen todos, presentamos a continuación:
1) JUAN MANUEL FANGIO
Será
por siempre el campeón de campeones, el hombre a quien su virtuosismo
al volante quedaba postrado ante su calidad humana, donde la humildad,
el nunca sentirse superior y el reconocer las condiciones del rival
formaban parte de su credo, premisas ahora desdeñadas por el común
de los atletas - sea cual sea la disciplina - suponemos por las
ingentes cantidades de dinero que devengan, las cuales superan cualquier
lógica.
Para
uno de los decanos del periodismo deportivo venezolano, Omar Lares,
Juan Manuel Fangio no sólo fue el amigo a quien vio vencer en Caracas
1955, sino "el campeón mundial más completo de la historia, dentro
y fuera de las pistas, a no dudarlo, el deportista más completo
del siglo", palabras que sintetizan la admiración por el hombre.
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El
argentino corriendo con Ferrari
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No es el momento
para entrar en detalles acerca de lo que hizo Fangio y cómo lo hizo,
baste resumir que el "Chueco de Balcarce" se impuso casi en un 50%
de sus presentaciones oficiales en F1 (sin contar carreras fuera
de campeonato o máquinas Sport), lo hizo con cuatro marcas diversas,
a saber Alfa Romeo, Mercedes, Ferrari y Maserati, pero sobre todo
en una época donde anualmente 3 de cada 5 pilotos de calidad fallecían
en las pistas. Triunfar y sobrevivir en ese entorno de peligro irreal
fue quizás su mayor victoria.
Además,
y contrariamente a una errada percepción del presente donde se sugiere
la ausencia de pilotos profesionales en los cincuenta, Fangio lo
ganó todo cuando contaba con más de 40 años de edad (lo cual ensalza
todavía más sus logros), y lo hizo ante muchachos como Stirling
Moss, Peter Collins y Mike Hawthorne, por señalar apenas a los ingleses,
quienes lucharon como leones cuando tenían 25 años.
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Fangio
con la Maserati
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La obra maestra
de Fangio la diseñó en la pista que separaba a los hombres de los
demás, Nurburgring 1957, la vez que se consagró por quinta vez campeón
mundial de F1 rebajando el récord de la pista hasta en 17 segundos!.
2) AYRTON SENNA DA SILVA
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Senna
saluda al publico brasileño
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El segundo lugar
en esta selección ideal viene ocupado por el brasileño Ayrton Senna.
Amado u odiado como toda gran figura pública (y es que el paulista,
para los que lo olvidaron o no lo sabían, como todo ser humano también
tenía virtudes y defectos), su incuestionable habilidad al volante
dejó toneladas de documentos e imágenes en sus diez temporadas en
la F1, periodo épico que acabó en el muro de la curva Tamburello
de Imola de 1994. Fue el más osado, el "Magic", como le bautizaron
por su especial predilección de hacerse con el mejor tiempo de clasificaciones
y por su sobrenatural dominio en el piso mojado, el cual le permitió
apoderarse de la que sin dudas fue su mejor carrera: Donington 1993.
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Con
Toleman bajo la lluvia
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Para convertirse
en el ídolo de una generación, Senna tuvo que enfrentarse a una
camada excepcional, encabezada por el francés Alain Prost,por dos
años coequipero y su antagonista por excelencia, sin olvidar al
brasileño Nelson Piquet, con quien de inmediato se entabló una recíproca
antipatía, el austriaco Niki Lauda, el finlandés Keke Rosberg o
el coraje desmedido del inglés Nigel Mansell. Senna fue un maniático
de los detalles y la preparación física, en especial luego de haber
sufrido en extremo en sus primeras presentaciones con el Toleman-Hart.
Pero el halo místico que lo envolvía también sufrió un duro revés
al admitir que había chocado adrede a Alain Prost para llevarse
la diadema de 1990.
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Tres
campeonatos con McLaren
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Los defensores
a ultranza de Senna no dudan en señalar que el Schumacher versión
1994 no lo habría derrotado de no mediar la infausta jornada de
San Marino, ni mucho menos con el mismo Williams-Renault con el
que se consagrara Damon Hill y Jacques Villeneuve, pero otra versión,
escondida en los más secretos pasillos de la FIA, indica también
que el Benetton-Ford del alemán contó con ventajas antirreglamentarias
que no se hicieron públicas para evitar un escándalo adicional en
uno de los años más negros de la categoría.
3) JIM CLARK
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Clark,
el escocés volador
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Hablar del escocés
es referirnos a los años sesenta y a una era donde hubo numerosos
cambios técnicos en la Fórmula Uno, desde la consolidación del motor
trasero que dieron un nuevo aspecto a los monoplazas, hasta el cambio
de propulsores de 1500cc a tres litros. Su sólida unión con el constructor
Colin Chapman y la firma Lotus le otorgaron victorias en todos los
continentes, a razón de un triunfo cada tres presentaciones y si
en su palmarés se registran "apenas" dos títulos, ello es debido
a los fallos mecánicos que en dos ocasiones le privaron de otras
tantas consagraciones en la cita de clausura de las temporadas 1962
y 1964.
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El
Lotus Ford Cosworth de Clark
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Asombró a los
norteamericanos al imponerse en las 500 Millas de Indianápolis de
1965 pero sería su desenvuelta manera de conducir la que sellaría
una etapa imborrable del automovilismo mundial. Arrancaba en punta
y nadie lo podía alcanzar y, salvo inconvenientes mecánicos, era
imbatible. Su mejor carrera no sería una de sus 25 victorias: ocurrió
en Monza 1967 donde pinchó una goma, paró en pits, perdió una vuelta
y comenzó la recuperación que no se detuvo hasta que recobró la
vanguardia, locura y delirio que culminó en la última vuelta al
quedarse sin combustible.
Resulta
curioso advertir que buena parte de los pilotos del presente admiten
haber querido competir en un Lotus 25, 33 ó 49 como los de Clark,
sin embargo, lo que ninguno habría
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aceptado bajo ninguna circunstancia habría sido correr en el antiguo
Nurburgring, Spa Francorchamps o Clermont Ferrand, por mencionar
apenas algunos escenarios.
La incertidumbre de no saber cuándo podía ser la última largada
marcó con sangre y fuego el primer cuarto de siglo de la F1 y Jim
Clark pagó el precio más alto en 1968 en una carrera de F2. Y es
que hasta en eso todo ha cambiado radicalmente: hoy el trabajo (y
el salario) se concentra en una categoría, evitándose peligrosas
distracciones como las que condujeron a su fin al virtuoso alemán
Stefan Bellof en un prototipo Porsche en 1985.
4) MICHAEL SCHUMACHER
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Schumacher
con Jordan en Spa
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Es el mejor piloto
de la actualidad y se dispone a acaparar todas las marcas históricas
de la Fórmula Uno con lo cual automáticamente obtendría los puntos
para ser considerado el mejor de los mejores. Sin embargo, el propio
germano - en una inusual pero honesta confesión - sabe que no es
justo comparar la época que le ha tocado vivir con relación a la
de Fangio, su objetivo numérico más próximo.
Pero no nos equivoquemos: un piloto de su estirpe habría sido campeón
en cualquier periodo y su única ventaja es haber nacido para conducir
los nuevos F1 en las pistas del presente. Michael Schumacher representa
además el modelo del piloto ideal: irresistiblemente veloz, constante,
técnico, analítico, con una preparación física asombrosa y, por
qué no decirlo, con la dosis de fortuna que debe acompañar a los
grandes. Por otra parte, fue el encargado de devolverle a la firma
Ferrari la alegría que no se dibujaba en su rostro durante dos décadas.
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Meticuloso
como pocos
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Los retiros
de Prost y Mansell y la desaparición de Senna le dejaron el camino
expedito para asumir el trono, lo que no quiere decir que no los
hubiese superado de igual manera. Desde su primera coronación en
1994 y de manera intermitente, se han interpuesto en su camino hombres
como Damon Hill, Jaques Villeneuve y Mika Hakkinen, mientras ahora
se busca con urgencia la contrafigura que recae en el colombiano
Juan Pablo Montoya.
Sin Senna,
el camino para la consolidación definitiva de Michael Schumacher
fue mucho más sencilla, aunque igual compartieron un par de intensas
temporadas. Al germano le tocó vivir la incómoda situación que afrontaron
otros grandes como Jackie Stewart, quien en 1968 tuvo que aceptar
el vacío que dejó Jim Clark, piloto que a su vez recibió el testigo
de Stirling Moss en 1962, confrontaciones nunca consumadas en su
máximo esplendor y que en aquel entonces, ahora y siempre servirán
para recrear las discusiones entre los aficionados y cronistas.
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Y
Ferrari vuelve a sonreír...
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A Michael Schumacher
se le objetan igualmente sus maneras poco ortodoxas para definir
los títulos de 1994 y 1997, pero si vamos a la realidad y sin los
contratiempos como el choque con su hermano en Nurburgring 1997,
la discutida colisión con Coulthard bajo la lluvia en Spa 1998 (donde
a nuestro juicio no toda la culpa la tuvo Schumacher) y el grave
accidente de Silverstone 1999, hoy estaríamos hablando del heptacampeón
del mundo... y es que en el campo de la especulación también Alain
Prost podría recriminar a su suerte los tres o cuatro títulos que
perdió en los ochenta, pero a diferencia del galo y por si faltaba
alguna cualidad en el alemán, es también maestro en la lluvia. ¿La
mejor victoria de Schummy? Nos quedamos con la primera, en Bélgica
92 ante Mansell, Prost y Senna o en el mismo Spa, año 95, tras arrancar
en los últimos lugares.
5) STIRLING MOSS
En un margen de selección tan limitado como indicar apenas cinco
nombres entre no menos de veinte candidatos, el quinto seleccionado
a nuestro criterio es el inglés Stirling Moss, cuatro veces subcampeón
mundial de F1. Pero ¿cómo es posible que pasemos por alto al tetracampeón
Alain Prost, los triple coronados Jack Brabham, Niki Lauda, Jackie
Stewart o Nelson Piquet?. Es cuestión de gustos y no necesariamente
de números.
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Moss
en su anteúltima carrera
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Es rigurosamente
cierto que Moss nunca pudo llegar al número uno, pero el único responsable
de ello fue Juan Manuel Fangio, con lo cual abundan los comentarios.
Stirling Moss ganó más de 200 carreras en todo tipo de máquinas
y condiciones y, como se destacó en el caso de Fangio, pudo contarlo
a pesar de coquetear con la muerte en varias ocasiones. Se retiró
con 32 años de edad, en 1962, víctima de un grave accidente del
cual escapó con vida por pura casualidad.
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Los
comienzos del ingles
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Se dice que su
romanticismo en defender los colores de las firmas inglesas le impidieron
alcanzar muchos más éxitos, pero Moss también supo correr y ganar
para Mercedes Benz y Maserati. A diferencia de Fangio, su maestro,
vivió el cambio del propulsor delantero a la parte posterior, triunfando
en ambas configuraciones. Especialista en retos desiguales, su victoria
más espectacular la obtuvo en Nurburgring 1961 cuando con un Lotus
dejó atrás a los Ferrari del americano Phil Hill y el alemán Wolfgang
Von Trips.
Si la elección pudiera extenderse a 10 nombres, entonces colocaríamos
a Jackie Stewart en el sexto, Alain Prost en el séptimo, Alberto
Ascari en el octavo, Emerson Fittipaldi en el noveno y a Mario Andretti
en el décimo.
MONUMENTO AL VALOR
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Monumento
en Donington Park
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No podemos culminar
la nota sin hacer referencia a uno de los mejores ejemplos que reflejan
la nobleza y reconocimiento de los conocedores hacia el talento,
sea cual sea su lugar de origen. Es una estatua tamaño natural que
se encuentra en el museo de Donington Park, en Inglaterra, en la
que es sin dudas la galería de monoplazas de F1 más completa del
mundo, recinto que merecerá un trabajo aparte con sus correspondientes
imágenes.
A la entrada del referido museo, dos figuras pétreas parecieran
decirle al mundo: "Gracias, el señor que tengo a mi lado fue el
mejor". Nos referimos a Juan Manuel Fangio y a Ayrton Senna. Para
no herir susceptibilidades colóquenlos en el orden que prefieran;
lo trascendente es que en plena campiña británica hayan erigido
este monumento, cuando perfectamente pudieron colocar la figura
de cualquier as local, como Stirling Moss, Jim Clark, Jackie Stewart
y hasta del mismo Nigel Mansell, de lo cual sólo se puede concluir
que el amor y el respeto hacia deporte no tiene barreras ni conoce
fronteras.
Y es que sin tener preciso si lo hizo con intención o no, el acaudalado
Mr. Whattecroft, propietario de Donington, reunió en esas dos figuras
latinoamericanas a los mejores pilotos de la historia del automovilismo
deportivo, un ejemplo y lección que ojalá podamos aprender y que
en un futuro no muy lejano nos permita admirar en nuestro entorno
continental, tarea sencilla de lograr si conseguimos que la intolerancia
y el orgullo cedan paso a la razón.
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Stewart
con Tyrrell en Argentina
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Nadie pretende
que el común del pueblo brasileño destaque la labor de un rioplatense
o viceversa, rivalidad que siempre existirá entre todas las naciones
limítrofes del planeta (¿acaso creen que los franceses son felices
con los triunfos de los Schumacher?), pero de allí a desmerecer
y a atacar a un deportista por el color de su piel o del pasaporte,
por su acentuación al hablar o lugar de origen, es síntoma evidente
de poca cultura y suprema envidia, sello inconfundible de sociedades
- o sin caer en el grave error de generalizar- de individuos enajenados.
Más complicado
lo tienen los latinoamericanos y especialmente aquellos aficionados
que profesan legítima y sagrada devoción hacia Michael Schumacher,
muchos de los cuales son, por lo general y antes que cualquier otra
cosa, seguidores de la casa Ferrari, pero las reiteradas victorias
del germano ponen ahora en peligro la marca del "Quíntuple" Juan
Manuel Fangio, un récord que ojalá se quede en manos del argentino
por siempre, si bien la realidad apunte hacia un nuevo destinatario.
Para concluir, las pocas alternativas que ofreció el Gran Premio
de San Marino cortesía del arrollador, apoteósico e incuestionable
triunfo de Ferrari, apenas dejó margen para la crónica posterior
- en especial si no se tuvo la oportunidad de asistir o ver la carrera
-, y ante la posibilidad real de que la cabalgata escarlata se prolongue
de aquí en lo sucesivo, es mejor concentrarnos en temas más complicados
y hasta utópicos. Se nos antoja, de momento, imaginar lo que Ron
Dennis y McLaren hizo en 1988 y 1989, donde contaron con el mejor
auto y allí subieron a los mejores pilotos. El resto forma parte
de la historia más espectacular de la categoría. Y es que en momentos
en los que Jacques Villeneuve está con un pie fuera de BAR, la Fórmula
Uno requeriría de un golpe de escena que lo coloque en un bólido
de Maranello junto a Michael Schumacher, combinación atómica que
podría desencadenar la III Guerra Mundial.
Lástima que Ferrari no vaya a tomar ese riesgo, cuyo único precedente
semejante lo vivió exactamente hace 20 años con Didier Pironí y
Gilles Villeneuve, relación que culminó de manera trágica un 8 de
mayo de 1982 y de la que les contaremos en la próxima nota.
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